Mapeo láser preciso
El sensor LiDAR mide distancias en 360° y levanta el plano de la vivienda, así que recorre el suelo en franjas paralelas en lugar de rebotar al azar. Funciona igual a oscuras.
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Comparativa entre sistemas de navegación, no entre marcas: las cifras que publica cada fabricante no se miden con un método común.
| LiDAR (láser) | Giroscópica | Cámara (vSLAM) | |
|---|---|---|---|
| Qué mide | Distancia por tiempo de vuelo de la luz, 360° | Giros y aceleraciones del propio robot | Puntos visuales de referencia |
| Funciona a oscuras | Sí | Sí | Peor: necesita luz o iluminación propia |
| Mapa guardado entre limpiezas | Sí en la mayoría de modelos | No, o solo de sesión | Sí, con calidad variable |
| Zonas prohibidas desde la app | Sí | No: tiras magnéticas físicas | Sí en la mayoría |
| Punto débil | La torreta impide pasar bajo muebles muy bajos | Deriva acumulada: se pierde en recorridos largos | Añade una cámara dentro de casa |
Comparativa cualitativa de tecnologías, actualizada en septiembre de 2026. No incluye marcas, precios ni cifras de succión de terceros porque no existe una norma común que obligue a medirlas igual.
Datos declarados por el fabricante. No hemos realizado ensayos propios de succión, ruido ni autonomía sobre este modelo: lo que no podemos verificar, no lo publicamos. La ficha no concreta la autonomía de trabajo en minutos —las 4 horas son tiempo de carga—, ni el tipo de cepillo central, ni la altura de umbral que salva.
Cuatro características declaradas en la ficha del producto, explicadas por lo que hacen de verdad y por lo que no hacen.
El sensor LiDAR mide distancias en 360° y levanta el plano de la vivienda, así que recorre el suelo en franjas paralelas en lugar de rebotar al azar. Funciona igual a oscuras.
El fabricante declara 2.000 Pa, cifra normal en un robot de navegación láser y suficiente para suelo duro y alfombra de pelo corto. Los pascales no son comparables entre marcas: cada fabricante los mide a su manera.
Se programa desde la app del móvil. Antes de conectarlo, repasa los permisos que pide y los ajustes de compartición de datos: más abajo te contamos cuáles puedes denegar sin perder funciones.
Un robot no elimina el trabajo, lo transforma: pasas de barrer a recoger el suelo antes de que pase. Para la mayoría el cambio compensa; si no estás dispuesto a esa recogida previa, te va a decepcionar.
Cuatro garantías que sí están escritas en piedra.
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Este producto todavía no tiene reseñas de clientes, y no vamos a fabricarlas. Hasta hace poco esta ficha mostraba una nota de 4,7 sobre 5 «basada en 184 reseñas verificadas» y tres opiniones firmadas con nombre y ciudad. Ninguna de esas reseñas existía: eran texto de plantilla. Las hemos retirado.
Tampoco hemos hecho pruebas propias de este modelo. No hemos medido su succión, ni su ruido, ni su autonomía, así que no encontrarás aquí ni pascales verificados, ni decibelios, ni minutos de batería presentados como datos nuestros. Lo que sí encontrarás son las especificaciones que declara el fabricante, señaladas como tales, y una explicación honesta de qué significan y qué no.
Cuando existan opiniones reales de compradores, aparecerán aquí con su fecha y sin filtrar las malas. Mientras tanto, para decidir con criterio te sirve más la parte técnica y legal de esta página que cinco estrellas dibujadas.
Si ya lo has comprado y quieres contar tu experiencia, escríbenos a [email protected].
Todo aparato eléctrico comercializado en España lleva marcado CE y declaración UE de conformidad, y entra en el ámbito del RD 110/2015 de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Esto no es un sello de calidad ni una certificación de rendimiento: es el mínimo legal para poder venderse.
Al comprarlo tienes derecho a que el distribuidor te recoja gratis el aparato viejo equivalente, uno por uno, según ese mismo real decreto. Y antes de deshacerte de un robot usado, restablece los valores de fábrica y borra el mapa de la app: se va de casa con el plano de tu vivienda dentro.
Ni esta tienda ni el fabricante publican ensayos de un laboratorio independiente sobre este modelo. Si aparecen, los enlazaremos aquí.
Estas guías son de climatización conectada, no de robots aspiradores: las dejamos porque el bloque de artículos relacionados de la plantilla las asignó a esta ficha.
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Respuesta directa: un robot aspirador láser usa un sensor LiDAR giratorio que mide distancias por tiempo de vuelo de la luz, construye un plano de la vivienda y recorre el suelo en franjas paralelas en lugar de rebotar al azar. Eso reduce el tiempo de limpieza, evita que queden zonas sin pasar y permite funciones que sin mapa no existen: limpiar una sola habitación, marcar zonas prohibidas, guardar varias plantas y reanudar en el punto exacto donde se quedó tras recargar. Lo que no cambia es la mecánica: aspira lo mismo que un modelo equivalente sin láser, y sigue atascándose con cables, calcetines y alfombras de fleco.
Merece la pena separar las dos cosas desde el principio, porque el marketing las mezcla. La navegación decide por dónde pasa. El conjunto de turbina, cepillo y filtro decide qué recoge cuando pasa. Un robot con LiDAR y cepillo malo deja pelo largo enredado; un robot sin LiDAR y buena turbina limpia bien el trozo por el que acierta a pasar y deja el resto. El láser es una mejora de cobertura y de control, no una mejora de potencia.
La torreta que sobresale en la tapa esconde un emisor y un receptor que giran varias veces por segundo. El emisor dispara pulsos de luz infrarroja; el receptor mide cuánto tardan en volver tras rebotar en una pared o en la pata de una silla. Con la velocidad de la luz como constante, ese tiempo se traduce en distancia. Al girar, el sensor obtiene un barrido de distancias en 360 grados a la altura de la torreta, unos 8-10 cm del suelo. Ese barrido no es una imagen: es una nube de puntos en un plano horizontal.
El software encadena barridos sucesivos y los va cuadrando entre sí. A ese proceso se le llama SLAM (localización y mapeado simultáneos): mientras dibuja el mapa, el robot deduce en qué punto del mapa está. Por eso funciona igual de bien a oscuras que con la persiana subida, y por eso es habitual que la primera pasada por una casa nueva sea más lenta y algo errática: está levantando la planta antes de optimizar la ruta.
Las limitaciones también salen de ahí. El barrido es horizontal y a una altura fija, así que el LiDAR ve la pata de una silla pero no ve un calcetín; ve la pared pero no ve el charco. Los cristales, los espejos y los muebles lacados muy oscuros devuelven mal el pulso y a veces aparecen como huecos en el mapa. Y como la torreta sobresale, el robot no cabe bajo muebles bajos por los que sí pasaría un modelo plano de navegación giroscópica. Es un intercambio real, no un detalle: si tu casa tiene sofás y camas a ras de suelo, mide la altura libre antes de decidir.
El giroscopio es un sensor inercial: mide giros y aceleraciones, no distancias. Con él, el robot sabe que ha girado 90 grados y que lleva recorridos unos metros, así que puede trazar líneas paralelas en vez de dar bandazos. Es un salto enorme frente a la navegación aleatoria y explica que un modelo de gama de entrada moderno limpie con aspecto ordenado.
Lo que no puede hacer es corregirse. El error inercial se acumula: si una rueda patina en una alfombra o el robot se sube a un umbral, la estimación de posición se desvía y ya no se recupera, porque no hay ninguna referencia externa que la contraste. En casas pequeñas y diáfanas apenas se nota. En pisos con pasillo largo y varias habitaciones, la deriva termina en zonas repetidas, zonas sin pasar y dificultad para volver a la base. Tampoco hay mapa guardado, así que no hay zonas prohibidas por software ni limpieza de una habitación concreta.
La alternativa al láser es la visual: una cámara, casi siempre apuntando al techo o en ángulo frontal, que identifica puntos característicos del entorno y los usa como referencias para localizarse. Es el mismo principio de SLAM, pero con imágenes en lugar de pulsos. Sale más barato que una torreta LiDAR y permite un cuerpo más plano.
Sus dos pegas son conocidas. La primera es la luz: con poca iluminación el algoritmo pierde referencias y la localización empeora, así que el robot que limpia de noche con las persianas bajadas rinde peor. Algunos modelos lo compensan con iluminación propia o con sensores infrarrojos de apoyo. La segunda pega es la que casi nadie te cuenta en la ficha: hay una cámara encendida recorriendo tu vivienda, y lo que hace el fabricante con esas imágenes es una decisión suya que tú tienes derecho a conocer. Lo desarrollo más abajo.
Los modelos más básicos siguen usando el patrón de rebote: avanzan hasta chocar o hasta que un sensor de proximidad detecta un obstáculo, giran un ángulo arbitrario y siguen. La cobertura depende del tiempo. Con el doble de minutos acaban tocando casi toda la superficie, pero pasan diez veces por el mismo metro cuadrado y ninguna por el rincón del dormitorio. No guardan nada, así que cada limpieza empieza de cero.
| Sistema | Qué mide | Mapa guardado | Zonas prohibidas por app | Punto débil |
|---|---|---|---|---|
| LiDAR (láser) | Distancia por tiempo de vuelo, 360° | Sí, persistente y multiplanta en muchos modelos | Sí | Torreta que impide pasar bajo muebles bajos; cristales y superficies muy oscuras |
| vSLAM (cámara) | Puntos visuales de referencia | Sí, con calidad variable | Sí en la mayoría | Depende de la luz; añade una cámara a la ecuación de privacidad |
| Giroscópica | Giros y aceleraciones propias | No, o solo de sesión | No, se usan tiras magnéticas | Deriva acumulada: se pierde en recorridos largos |
| Aleatoria | Contacto y proximidad | No | No | Cobertura por insistencia; tiempos muy largos |
De todo lo que promete un robot con láser, lo que acaba usándose cada semana es el mapa. Y ahí hay diferencias importantes entre modelos que la palabra «mapeo» tapa por completo.
Un mapa de sesión se construye al empezar y se borra al terminar. Sirve para que esa limpieza sea ordenada, y poco más. Un mapa persistente se guarda en la app, se reutiliza y se refina en cada pasada. Solo con el segundo tienen sentido las funciones interesantes: dividir por habitaciones, poner nombres, mandar el robot a la cocina después de comer o programar que los martes solo pase por los dormitorios. Antes de comprar, la pregunta concreta no es «¿tiene mapeo?» sino «¿guarda el mapa entre limpiezas?».
Guardar varios mapas resuelve la casa con escaleras, pero conviene entender el límite. El robot no sube solo: lo subes tú. Lo que hace es reconocer en qué planta lo has dejado comparando el barrido inicial con los mapas guardados, y cargar el correcto. Cuando dos plantas son muy parecidas en distribución, el reconocimiento falla y hay que seleccionar la planta a mano en la app. También hay que subir la base o resignarse a que en la segunda planta trabaje sin punto de recarga. Fíjate en cuántos mapas admite el modelo: dos, tres, cuatro o cinco es un dato que sí aparece en las fichas y que se agradece antes que después.
Son rectángulos y líneas que dibujas sobre el mapa en la pantalla del móvil, y el robot no los cruza. Se usan mucho más de lo que parece: el rincón de los cables del escritorio, el comedero del gato, la alfombra de fleco que se traga la cepillo lateral, la zona del pie de la escalera. Hay una variante útil, la zona prohibida solo para fregado, que deja aspirar la alfombra pero impide mojarla.
La alternativa en modelos sin mapa persistente son las tiras magnéticas o las balizas de infrarrojos: funcionan, pero hay que verlas en el suelo todos los días y desplazarlas cuando cambias los muebles. Es una de esas diferencias que solo se aprecian a los dos meses de uso.
Con el mapa dividido puedes decir «limpia la cocina» y el robot va, limpia y vuelve. Sin mapa, la única forma de limpiar la cocina es llevarlo en brazos y cerrar la puerta. La división automática de habitaciones acierta bastante en plantas convencionales y se equivoca en espacios diáfanos; casi todas las apps permiten fusionar y partir habitaciones a mano, y merece la pena dedicar diez minutos a dejarlo bien el primer día.
Esta es la parte que falta en casi todas las páginas de robots aspiradores y la que más te conviene leer antes de conectar el aparato al wifi. Un robot con LiDAR genera la planta de tu vivienda con medidas. Uno con cámara genera, además, imágenes del interior. Un modelo con reconocimiento de objetos genera imágenes interpretadas: «esto es un cable», «esto es un zapato», «esto es un excremento de mascota». Y casi todos suben algo de eso a un servidor.
Nada de esto es alarmismo: es lo que el propio fabricante enumera en su política de privacidad si te tomas la molestia de abrirla. El problema es que casi nadie la abre.
El Reglamento (UE) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018 se aplican de lleno. El plano de tu vivienda, asociado a tu cuenta, es un dato personal, porque permite identificarte de forma indirecta. De ahí salen obligaciones concretas para el fabricante y derechos concretos para ti:
Regla práctica: si la app no te deja borrar el mapa y eliminar la cuenta sin escribir a un buzón de soporte, el fabricante te está poniendo trabas a un derecho que la ley te reconoce.
Al instalar la aplicación del robot te va a pedir una lista de permisos. Conviene distinguir los que hacen falta de los que no:
| Permiso | Para qué lo pide | ¿Puedes negarlo? |
|---|---|---|
| Ubicación aproximada o precisa | En Android, el emparejamiento por wifi y Bluetooth exige permiso de ubicación por diseño del sistema operativo | Concédelo solo «mientras se usa la app», nunca «siempre». Tras la configuración inicial puedes revocarlo y volver a darlo si hace falta reconfigurar |
| Bluetooth / dispositivos cercanos | Emparejar el robot la primera vez | Necesario en el alta; se puede revocar después |
| Cámara del móvil | Escanear el código QR del aparato | Sí, si introduces el código a mano |
| Almacenamiento / fotos | Guardar mapas o adjuntar capturas al soporte | Sí en casi todos los casos |
| Micrófono | Control por voz dentro de la app | Sí, salvo que quieras esa función |
| Notificaciones | Avisos de fin de limpieza y errores | Sí, aunque aquí sí compensa dejarlo |
| Contactos | Invitar a otros usuarios al hogar | Sí. Este es prescindible casi siempre |
Al margen de los permisos del sistema, dentro de la app suele haber interruptores propios: «mejorar el producto compartiendo datos de uso», «diagnóstico», «personalización de anuncios», «compartir imágenes para mejorar el reconocimiento». Todos ellos son opcionales por definición y todos vienen activados con más frecuencia de la que debería. Repásalos el primer día y otra vez después de cada actualización grande de la app, porque las actualizaciones a veces reintroducen opciones.
Es la función que evita los cables y los accidentes de mascota, y funciona razonablemente bien. Para lograrlo, el robot captura imágenes del suelo y un modelo de visión las clasifica. La pregunta que hay que hacerse es dónde se ejecuta ese modelo y qué pasa con las imágenes después. Hay tres escenarios y no son equivalentes:
Hay una función asociada que conviene mirar con calma: la videovigilancia remota o «visita virtual», que convierte el robot en una cámara móvil controlable desde el móvil. Es cómoda para ver si el perro está bien y es, a la vez, la función con más consecuencias si alguien accede a tu cuenta. Si la activas, protege la cuenta con contraseña única y verificación en dos pasos, y ten presente que grabar a otras personas dentro de casa (por ejemplo, a quien te limpia o te cuida) no es una decisión trivial: fuera del ámbito estrictamente personal y doméstico, el RGPD vuelve a aplicarse en toda su extensión, y grabar a trabajadores en el domicilio exige informarles.
Comprobación de dos minutos antes de comprar: busca en la ficha o en el manual las palabras «procesamiento local», «on-device», «edge» o «la imagen no abandona el dispositivo». Si no aparecen por ningún lado y el modelo lleva cámara, asume que el análisis es en la nube hasta que el fabricante diga lo contrario por escrito.
No hace falta leerla entera. Con buscar siete cosas te haces una idea bastante fiel:
Si algo no te encaja, la reclamación se presenta ante la Agencia Española de Protección de Datos, que es gratuita y no exige abogado. Y si quieres reducir la superficie de exposición sin renunciar al robot: crea la cuenta con un correo dedicado, no le des el teléfono si no es obligatorio, ponlo en una red wifi de invitados aislada del resto de tus equipos, desactiva lo que no uses y borra el mapa cuando te mudes o cuando vendas el aparato de segunda mano. Ese último punto se olvida siempre: un robot vendido sin restablecer los valores de fábrica se va de casa con el plano dentro.
El pascal mide presión: la diferencia de presión que la turbina es capaz de generar en un punto de medición cuando la entrada está sellada. Es una magnitud real y no está inventada. El problema es otro: no existe una norma común que obligue a medirla igual en robots domésticos, así que cada fabricante la obtiene en su banco de pruebas, en su punto de medición, con su boquilla y sin filtro o con él, y publica el número más favorable.
Las consecuencias prácticas son tres. Primera: dos robots con la misma cifra pueden recoger cantidades distintas de suciedad. Segunda: una cifra alta con un cabezal mal sellado rinde peor que una cifra menor con buen sellado, porque lo que limpia no es la presión máxima sino el caudal de aire que atraviesa la alfombra. Tercera: las cifras han inflado con los años sin que la limpieza real haya mejorado en la misma proporción, porque el marketing empuja hacia el número grande.
Lo que sí compara bien es el conjunto: potencia declarada, ancho y tipo del cepillo, sellado del cabezal, calidad del filtro y capacidad de subir la potencia al detectar alfombra. Un robot que detecta la alfombra y sube a modo máximo solo encima de ella limpia mejor y hace menos ruido que uno que va todo el rato al máximo.
Esta página declara 2.000 Pa para el modelo que vende. Es una cifra normal para un robot de entrada con navegación láser y suficiente para suelo duro y alfombra de pelo corto. Para pelo largo, moqueta densa o mucho pelo de mascota, la potencia bruta importa más y ese rango se queda justo. Te lo digo aunque no ayude a vender: si tu caso es el de la moqueta y el perro grande, este no es tu robot.
El cepillo central es la pieza que más condiciona el mantenimiento diario, y hay dos familias.
Es el clásico: un rodillo con mechones de cerda en espiral. Agita bien la fibra de la alfombra, así que en textiles suele levantar más suciedad. A cambio, el pelo largo se enrolla en la base de las cerdas y forma un cordón apretado que hay que cortar con tijeras. Con una persona de melena larga o un perro de capa larga en casa, eso se convierte en una tarea semanal.
Rodillo de silicona o goma con láminas en lugar de cerdas. Recoge muy bien en suelo duro, no acumula polvo entre mechones y, sobre todo, el pelo se desliza a lo largo del rodillo en vez de anudarse, así que se retira tirando de él sin herramientas. Agita algo menos la alfombra de pelo largo. Para la mayoría de hogares españoles, con predominio de baldosa, gres, laminado o parqué, es la opción más cómoda.
Hay una tercera variable que casi nunca se mira: los peines antienredo en los extremos del rodillo y en la boca de aspiración. Son unas piezas de plástico que cortan o desvían el pelo antes de que llegue al eje. Un cepillo de goma con peines antienredo es la combinación que menos mantenimiento pide. Y el cepillo lateral, ese que gira en la esquina, se enreda igual: en modelos con un solo cepillo lateral la limpieza es más rápida de mantener que con dos.
Prácticamente todos los robots láser de hoy incluyen fregado. Conviene entender qué significa esa palabra aquí, porque hay tres implementaciones muy distintas y una expectativa que casi siempre se rompe.
Un paño de microfibra sujeto a un soporte que se humedece desde un depósito y se arrastra por el suelo. No hace presión ni movimiento propio: limpia por humedad y por fricción del propio avance. Quita polvo fino y marcas frescas y deja el suelo con aspecto limpio. No levanta una mancha seca de café ni una salpicadura de aceite. Es lo que trae la mayoría de modelos por debajo de los 300 euros.
El mismo paño, pero sobre un soporte que oscila a alta frecuencia. Esa vibración añade fricción real y sí resuelve algunas manchas secas ligeras. Es una mejora perceptible respecto al arrastre, aunque sigue sin sustituir a una fregona con producto y a un buen restregón en la mancha rebelde.
Dos discos de microfibra que giran a bastantes vueltas por minuto y aplican algo de presión hacia abajo. Es lo más parecido a fregar que hace un robot doméstico, y en modelos de gama alta los discos se levantan al detectar alfombra o se desmontan solos en la base. La contrapartida es el precio y el mantenimiento: más piezas móviles, más consumibles y más agua consumida.
El límite común a los tres: un robot friega con agua o con muy poco producto, con un paño que se ensucia y que, salvo en las bases que lo lavan, sigue sucio hasta que lo lavas tú. Después de la primera habitación, estás repartiendo agua sucia. Por eso el fregado robótico se entiende bien como mantenimiento entre fregados: aplaza la fregona, no la jubila. Y en parqué o en tarima flotante sin sellar, mejor usar el nivel mínimo de agua o directamente no fregar.
La base de autovaciado aspira el depósito del robot al volver y lo descarga en una bolsa grande. La ventaja real es doble: dejas de vaciar un depósito de medio litro cada dos limpiezas y dejas de respirar la nube de polvo que sale al vaciarlo, que para un alérgico es el argumento principal. La bolsa suele durar entre uno y dos meses en una casa normal, más si no hay mascotas y menos si las hay.
Los inconvenientes son cuatro y todos importan a la hora de decidir:
Existen bases sin bolsa, con depósito rígido lavable, que eliminan el consumible a cambio de exponerte otra vez al polvo al vaciarlas. Y existen bases de estación completa, que además lavan y secan la mopa y rellenan el depósito de agua limpia: son cómodas de verdad y multiplican el precio, el tamaño y el número de piezas que hay que limpiar a mano.
Un robot aspirador no es una compra única, es una compra con suscripción de repuestos disfrazada. Estos son los consumibles que vas a cambiar y con qué frecuencia orientativa, en una casa de tamaño medio con uso casi diario:
| Pieza | Cada cuánto | Qué pasa si no lo cambias |
|---|---|---|
| Filtro (HEPA o de alta eficiencia) | Lavar o soplar cada 2-4 semanas; sustituir cada 3-6 meses | Cae la succión y el motor trabaja forzado |
| Cepillo lateral | 3-6 meses | Las cerdas se abren y dejan de arrastrar a la boca de aspiración |
| Cepillo central | 6-12 meses | Pierde contacto con el suelo y ruido de eje |
| Paños de mopa | Lavar tras cada uso; sustituir cada 3-6 meses | Reparten suciedad y huelen |
| Bolsas de la base (si la hay) | 1-2 meses | La base deja de vaciar |
| Sensores y contactos de carga | Limpiar con paño seco cada 2 semanas | Errores de desnivel y fallos al atracar |
| Batería de ion de litio | 2-4 años según ciclos | Autonomía a la mitad; el robot no termina la casa |
Para hacerte una cuenta realista, suma el precio de los repuestos oficiales de tu modelo concreto en la web del fabricante y multiplícalo por esas frecuencias. En robots de gama de entrada, el paquete de consumibles a tres años suele situarse en un orden de magnitud parecido a una fracción notable del precio del aparato; en modelos con base de autovaciado, más. No te doy un número cerrado porque depende de la marca y sería inventármelo, pero sí te doy el método: el precio de la batería de recambio y su disponibilidad son el dato que más gente olvida y el que decide si el robot llega a los cinco años o muere a los tres.
Tres hábitos que alargan la vida del aparato sin gastar nada: vaciar el depósito después de cada uso (el polvo comprimido reduce la succión desde el primer día), no dejarlo permanentemente al 100 % en la base si el fabricante lo permite configurar, y quitar el pelo del cepillo antes de que forme cordón, no después.
Un robot doméstico se mueve en un rango de ruido perceptible pero muy inferior al de un aspirador de trineo, sobre todo en modo silencioso. La diferencia entre el modo mínimo y el modo turbo es grande, y ahí está la decisión práctica: en modo bajo puedes convivir con él en la misma planta, en turbo no se puede teletrabajar en la habitación de al lado. No te fíes de las cifras de decibelios de la ficha por el mismo motivo que no te fías de los pascales: no se miden con un método común y no dicen a qué distancia ni sobre qué suelo. Sobre gres suena bastante más que sobre alfombra.
El comportamiento en alfombra depende del grosor. Hasta un centímetro y medio, un robot de entrada sube y limpia. Por encima, empieza a patinar y a quedarse atascado con la rueda delantera. Los flecos son otro capítulo: el cepillo lateral los engancha con una facilidad exasperante y el rodillo los enrolla. La solución que funciona es la zona prohibida sobre la alfombra de fleco, no el modo turbo. Las alfombras de pelo muy largo directamente no son terreno de robot: hay que aspirarlas a mano.
La mayoría de modelos salva entre 1,5 y 2 cm de altura. Los umbrales de puerta de vivienda antigua y las juntas de terraza suelen superar esa cifra, y ahí el robot no pasa. Si tu casa tiene un escalón interior, el mapa se parte en dos y necesitarás dos limpiezas o subirlo tú. Merece la pena medir los umbrales críticos con una regla antes de comprar; es literalmente un minuto y evita una devolución.
La conclusión honesta es que un robot aspirador no elimina el trabajo, lo transforma: pasas de barrer a recoger el suelo antes de que pase. Para casi todo el mundo el cambio compensa mucho. Para quien no está dispuesto a hacer esa recogida previa, el robot va a decepcionar sea cual sea su precio.
Desde el Real Decreto-ley 7/2021, que traspuso la Directiva (UE) 2019/771, los bienes comprados a partir del 1 de enero de 2022 tienen una garantía legal de conformidad de tres años frente al vendedor. Durante los dos primeros años se presume que cualquier falta de conformidad que aparezca ya existía en el momento de la entrega, así que no tienes que demostrar nada: la carga de la prueba es del vendedor. En el tercer año esa presunción decae y eres tú quien debe acreditar que el defecto es de origen, cosa que en la práctica se resuelve con un informe del servicio técnico.
La garantía la reclamas a quien te vendió el aparato, no al fabricante. Puedes pedir reparación o sustitución, y si ninguna de las dos se hace en un plazo razonable y sin inconvenientes mayores, rebaja del precio o resolución del contrato. Los gastos de la reparación en garantía, transporte incluido, no son tuyos. Y el vendedor está obligado a conservar la prueba de compra durante todo el plazo, aunque conviene que guardes tú también la factura o el correo de confirmación del pedido.
En compra a distancia tienes 14 días naturales desde que recibes el paquete para desistir sin dar ninguna explicación, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Ese plazo es para decidir, y para decidir puedes abrir la caja y comprobar el producto igual que lo harías en una tienda física: montarlo, encenderlo y probar que funciona. Solo respondes de la disminución de valor si lo manipulas más allá de esa comprobación. Cualquier condición del tipo «solo se admiten devoluciones con el precinto intacto» es contraria a la norma.
El vendedor debe devolverte el importe, incluidos los gastos de envío estándar de ida, en un máximo de 14 días naturales desde que le comunicas el desistimiento, y puede retenerlo hasta recibir el producto o hasta que le acredites que lo has enviado. El coste de la devolución sí puede ser tuyo si te lo informaron antes de comprar. Si no te informaron del derecho de desistimiento, el plazo se amplía doce meses.
Esta tienda declara en su ficha una ventana de devolución de 30 días. Eso es una política comercial que amplía el mínimo legal; los 14 días del RDL 1/2007 los tienes siempre, con esta tienda y con cualquier otra.
El artículo 127 bis del RDL 1/2007 obliga al productor a garantizar la existencia de repuestos durante 10 años desde que el modelo deja de fabricarse, con un precio razonable y un plazo de entrega adecuado. Para un robot aspirador eso se traduce en cepillos, filtros y batería. Con los elementos digitales (la app, el firmware, el mapa en la nube) rige otra regla: el vendedor debe suministrar las actualizaciones necesarias para mantener la conformidad durante el periodo de garantía, y en suministros continuados, mientras dure el contrato. Si el fabricante apaga el servidor y el aparato pierde funciones prometidas en la ficha, ahí hay una falta de conformidad que se puede reclamar.
El Real Decreto 110/2015 regula los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Te da dos derechos concretos y gratuitos. El primero es la recogida «uno por uno»: al comprar un aparato nuevo, el distribuidor está obligado a aceptar sin coste el equivalente usado, y en las ventas a distancia esa obligación también existe, normalmente coordinada con la entrega. El segundo es la recogida «uno por cero» en tiendas grandes: los establecimientos de más de 400 m² dedicados a electrodomésticos deben aceptar gratis aparatos muy pequeños, de menos de 25 cm, sin obligarte a comprar nada.
Además de por normativa, hay un motivo práctico: la batería de ion de litio de un robot no puede ir a la basura doméstica ni al contenedor de pilas convencional sin extraer, y un punto limpio o el propio distribuidor la gestionan bien. Antes de entregar el aparato, restablece los valores de fábrica y borra el mapa: cierra el círculo con la parte de privacidad de más arriba.
Si en algún momento ves este producto anunciado con un precio anterior tachado, el precio de referencia que se muestra debe ser el más bajo que se haya aplicado en los 30 días anteriores. La norma aplicable es el artículo 20 de la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista, en la redacción que le dio el Real Decreto-ley 24/2021 al trasponer la Directiva (UE) 2019/2161. Un descuento permanente o un precio «recomendado» que nunca se ha cobrado no valen como referencia. Es un detalle que conviene conocer en cualquier campaña de rebajas, no solo aquí.
Para que decidas con la información delante, esto es lo que el fabricante declara de este aparato y lo que no aparece por ningún lado. No hemos hecho ensayos propios de este producto ni tenemos mediciones de laboratorio que ofrecerte, y preferimos decirlo a inventarlo.
Lo que declara la ficha: navegación por sensor láser LiDAR con mapeado, succión de 2.000 Pa, batería de 4.000 mAh, tiempo de carga de 4 horas, superficie de referencia de 150 m², peso de 3,5 kg y dimensiones de 35 × 35 × 10 cm. Control desde aplicación móvil con programación horaria.
Lo que la ficha no concreta y conviene preguntar antes de comprar: la autonomía real en minutos por modo de limpieza (el dato de 4 horas de la ficha es tiempo de carga, no de trabajo); si el mapa es persistente o de sesión; cuántos mapas guarda; si permite zonas prohibidas por app; el tipo de cepillo central; si detecta alfombra y sube potencia; la altura máxima de umbral que salva; el nivel de ruido por modo; si incluye fregado y con qué tipo de mopa; el precio y la disponibilidad de filtros, cepillos y batería; y qué política de privacidad aplica la app asociada. Con esas respuestas, la decisión es fácil. Sin ellas, cualquier robot es una apuesta.
Un robot aspirador con navegación láser es una buena compra cuando entiendes que compras cobertura y control, no potencia. Si esperas que sustituya a la aspiradora en la limpieza a fondo o a la fregona en una mancha seca, te va a decepcionar por muy caro que sea.